lunes, 24 de enero de 2011

La vida se me va, esta ahí y desaparece al mismo tiempo. Las sonrisas aparecen en mi cara cada mañana al ver a las personas importantes, pero nunca permanecen. Se marchan en cuanto vuelvo a entrar en estas cuatro paredes que siento que me marchitan. Me consumen. Y no puedo evitarlo. Aquí me ahogo, me asfixio, y no entiendo por qué. Como si aquí, entre estas cuatro paredes, las cosas nunca podrían ir bien. Nunca podría sonreír de verdad. Es cierto que aquí puedo contar más malos momentos que buenos. Que he vivido los peores momentos de mi vida. Pero… yo que sé. Se supone que este tiene que ser mi lugar, mi refugio. Y yo no siento que sea así. Solo es un sitio que me deprime, que intenta matarme. Y que a veces lo consigue. O siempre. Yo que sé. Estar aquí no me deja pensar con claridad. Solo puedo pensar teniendo un punto de vista pesimista. Este maldito lugar no me deja ser objetiva ante lo que siento. Ante lo que me pasa aquí. Me estoy envenenando con este aire de sensaciones que me atrapan para no dejarme respirar. Me quieren consumir. Lo noto. Siento confusión, malos recuerdos, dolor, lagrimas, ilusiones marchitadas, sueños imposibles, promesas rotas… siento lo peor que he vivido dentro de mí cuando me paro a respirar en este lugar, cuando respiro este aire que es el que no para de asfixiarme. Y los recuerdos llegan y me destrozan una vez más. Hasta las sonrisas con las personas que ya no están duelen. Cuantas cosas he vivido aquí, cuantos malditos momentos en los que me hubiera gustado congelar el tiempo y quedarme en ese instante para siempre, en esas sonrisas o en ese abrazo. Porque era lo que me hacía sentirme bien. Y eso que siempre encontré excusas para no estar completamente bien, quejas. Siempre me queje. Y ahora me doy cuenta de todo lo que tuve. Pero que todo eso se fue y me ha dejado aquí sola encerrada en estos malditos recuerdos. Aferrada a un pasado que me araña. Y lo intento evitar, creo que a veces lo consigo. Pero hoy es uno de esos días en el que el pasado viene camuflado de otro color y sin darte cuenta le dejas pasar y te envuelve en un nudo de nostalgia. Un nudo que duele. Que te enrolla y te estruja. Te estruja y te ahoga. Hasta no poder respirar. Pero yo que sé, en los escasos segundos que este maldito aire me deja ser objetiva pienso que todo lo de ahora es mejor que lo de entonces. Y es exactamente por esto que no entiendo el motivo por el que echo de menos aquello. Pero yo que sé, supongo que cambiar de un día para otro todo lo que vives duele. Porque fue así, de un día para otro me encontré viviendo una vida que parecía no ser la mía. Pero que a lo largo del tiempo la he convertido en la mía, en la mía que quiero vivir. Y así estoy haciéndolo. He tenido que cambiar mucho para llegar hasta aquí, ya no soy la misma que vivió todo aquello. Y eso es lo que echo de menos, como era yo. Aunque yo decidiera cambiar. Aunque lo decidiera el tiempo por mí. Da igual. No sé exactamente que es lo que extraño o lo que esta bien ahora, quizás ese es el problema. Que por muchas sonrisas que tenga al día hay algo que me sigue trasladándome al pasado. Y eso es lo que no entiendo. De ningún modo. No encuentro una maldita respuesta para esta incógnita que no me deja respirar. Pero ahora el pensar está de más y me toca sumergirme en el mundo del metabolismo y yo que sé que más. Quizás sea mejor así, quizás sea mejor no pensar. Quizás sea mejor que lo minutos no lleguen.

11 comentarios:

Susana dijo...

yo siento a veces los recuerdos como un veneno amargo... un veneno que he de sacar de mi sangre... no es que ahí fuera no haya aire... es que respiro y el aire no llena mi sangre... sé que es ese maldito veneno el que se lo bebe... no se puede vivir de recuerdos... y no se puede vivir con veneno dentro...
Y también creo que lo importante es perder la rutina de vida y sentimientos que tenías... desacostumbrarse... y sobre todo no crear la costumbre de pensar en todo lo que era y ya no es... no acostumbrarse a dolerse... no estar pendiente todo el tiempo de ese agujerito dentro que quedó vacío...
Sigue respirando fuerte...

Hiroshima dijo...

A veces la solucion es el odio.
A veces tan solo queda el destruirse para poder renacer y enfrentar todo...

A.cid dijo...

No pensar. Hasta que el cuerpo aguante.
Ojalá...

Dulce sonrisa dijo...

Abre la ventana y deja que todo escape por ella. Retén sólo lo que, con sus más y con sus menos, te deje ser libre y poder respirar ;)

El Drac dijo...

Todo cambia, hasta nosotros mismos, con el tiempo que nos hace madurar y ver las cosas desde diferente ángulo; debemos tener presente que si todo cambia debemos hacerlo nosotros también y adecuarnos a las circunstancias, agradecer a los problemas porque ellos son los que nos hacen fuertes. Un gran abrazo

Nicca A.M dijo...

¡Volviste! ¡Qué alegría!
Nunca se debe de olvidar el pasado, pero tampoco debes vivir de él. Si esta es la vida que querías disfruta el presente y olvida lo demás. O recuerda las cosas buenas que ahí viviste, que de las malas ya aprendiste.
Un besín ^.^

un pirata dijo...

suerte en todo lo que te propongas, la evasion es un buen lugar a donde escapar y no pensar...
saludos!

M. dijo...

No intentes hacer de ello una aflicción inhibida porque huir siempre es de covardes y nunca se conseigue nada. Intenta hacer nuevos recuerdos de esas sensaciones que te axfisian. Me refiero a que si en ciertas situaciones te sientes incómoda hagas nuevos recuerdos que te sienten bien.

Catalìna. dijo...

te he dejado un premio en mi blog :)

Maria H. Sanchez dijo...

que entrada mas pesimista! voy a seguir cotilleando, pero antes de despedirme quería invitarte a mi baúl,por si quieres compartir algún sueño con todos los amigos de Coquette.
te espero!
hasta pronto =)

Lara. dijo...

Sopla, y como la casita de los tres cerditos, que lo malo se aleje volando.
Me encanta tu blog, tanto, que te sigo.
Pasate por el mío, comenta con tu opinión, y si te gusta, sigueme!
elolordelviento.blogspot.com